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REFLEXIONES DEL COMPAÑERO FIDEL
Lo que jamás podrá olvidarse
(Segunda parte)
Continuación de
la conversación que el Líder de la
Revolución Cubana sostuvo con los
integrantes japoneses del Crucero por la
Paz, el pasado martes 21 de septiembre
25 de Septiembre
del 2010 23:08:58 CDT
Cmdte.-
¿Su padre a qué edad murió?
Junko
Watanabe.- Tiene 98 años, está
vivo.
Me gustaría
prometerles a ustedes, con el motivo de
trasmitirles el sentimiento de mi
hermano, quien ya murió, y para
trasmitirles el mensaje que tienen todos
los sobrevivientes, y para que la nueva
generación trasmita a la generación
siguiente nuestro testimonio, yo voy a
seguir dando testimonios. Muchísimas
gracias (Aplausos).
Cmdte.-
Yo le ruego que me excusen si le hago
algunas preguntas, porque es que tenemos
interés en que se conozca todo lo que
ella está narrando; y, desde luego, si
no tiene objeción, nosotros
retransmitiremos este encuentro a través
de la televisión nacional (Aplausos).
Tenemos mucho interés en que nuestra
opinión pública conozca todo esto, no
solo trasmitirlo aquí, trasmitirlo en
otros países, hacerles llegar noticias
del encuentro. Es de suma importancia
que se conozca todo lo que allí ocurrió,
independientemente de lo que se haya
publicado, filmado, y todas las cosas
nuevas que van apareciendo.
Yo le explicaré
luego por qué hago algunas preguntas
aparte de esas.
Ella contaba que
estaba en una casa próxima, que estaba
en el patio con el hermano, cuando se
produce la explosión y una nube de
polvo. Ella conoce, por otros que
estaban conscientes en ese momento, qué
tiempo tardó en llegar ese polvo sobre
las personas que estaban allí.
Junko
Watanabe.- Cerca de 30 minutos,
pero es que no llovió en todas partes,
sino hacia donde el viento arrastró la
lluvia.
Cmdte.-
La lluvia. Pero hubo lluvia y hubo unas
cenizas.
Junko
Watanabe.- Realmente la lluvia de
cenizas no existió, sino ese polvo
ligado con la lluvia fue lo que llegó
hasta donde estaban ellos; no fue
separado, fue algo solo, único, ligado
con toda la suciedad y con todas las
cosas que arrastró con él.
Cmdte.-
¿Y no había techo donde ella estaba,
estaba en un patio?
Junko
Watanabe.- Nosotros estábamos a 18
kilómetros del lugar donde cayó la
bomba.
Cmdte.-
¡Dieciocho kilómetros!
Intérprete.-
Dieciocho kilómetros.
Cmdte.-
Eso le iba a preguntar, porque hay un
puente, creo, que señalan como el punto,
el blanco donde se lanzó la bomba. ¿Fue
a 18 kilómetros?
¿Tus padres
estaban bajo techo?
Junko
Watanabe.- Mi mamá estaba con mi
hermano menor cargado en la parte de
afuera de la casa, y mi papá estaba en
Hiroshima, que había trabajado y de
noche se dirigía hacia la casa; pero,
bueno, él lo recibió estando dentro de
un edificio. Incluso, él vio el avión
que daba vueltas por encima de
Hiroshima.
Cmdte.-
Antes de disparar. Correcto.
¿Y la madre
resultó también quemada?
Junko
Watanabe.- No. Realmente, donde
estábamos nosotros, a 18 kilómetros del
lugar, lo que recibimos fue toda esta
cantidad de papeles quemados, esa ola,
ese viento que llegó hasta nosotros;
pero quemarse como tal, eso no lo
tuvimos.
Si hubiésemos
estado un poquito más cerca, o sea,
cerca del epicentro, no creo que
estuviésemos hoy aquí haciendo el
cuento.
Cmdte.-
Correcto.
Yo quería
contarles que recientemente tuvimos la
visita de un investigador muy
prestigioso, que es profesor emérito de
la Universidad de Rutgers, New Jersey, y
es el autor de la teoría del invierno
nuclear. Esto, a nuestro juicio, es de
suma importancia, porque se relaciona
con los peligros actuales que está
enfrentando la humanidad, y hay muchas
cosas que se desconocen.
Este profesor
visitó nuestro país y en una reunión de
científicos hizo una exposición
excelente de su teoría, una teoría con
mucho prestigio; es a mi juicio
irrebatible, y está relacionada con las
consecuencias de una guerra nuclear. No
se refiere, propiamente, a la
destrucción que ocasiona ―la cual sería
enorme―, sino que analiza el peligro que
significaría para la humanidad una
guerra nuclear regional, ni siquiera una
guerra global.
Parte del hecho
actual, muy diferente del momento aquel
en que se lanza la primera bomba
nuclear. Toma en cuenta la situación,
en este momento, en que existen 25 000
armas nucleares en el mundo. Imagino
que muchos de ustedes conocen esos
datos. El científico afirma que
bastarían 100 explosiones nucleares y se
produciría lo que él califica de
invierno nuclear.
Fundamenta su
teoría en una serie de investigaciones
que han realizado científicos
norteamericanos y científicos soviéticos
antes de la desaparición de la URSS,
sobre los efectos que produciría un
número de armas nucleares que estallaran
en una guerra. Ellos calcularon que
unas 100 explosiones nucleares serían
suficientes para liquidar la vida humana
en el planeta, de modo que una guerra,
por ejemplo, entre la India y Paquistán,
con el número de armas que posee cada
uno de ellos, sería suficiente para
poner fin a nuestra especie.
A mí me parece
que, aunque tal vez ustedes tengan
suficientes noticias, nosotros podemos
facilitarles una copia de la conferencia
de Alan Robock ―es el nombre del
profesor que la impartió aquí hace muy
poco, fue en este mismo mes―, que
contiene datos de gran valor, los cuales
les servirían a ustedes para la
divulgación de las consecuencias, no
solo por el daño que ocasionaría; por
supuesto, las armas actuales son mucho
más poderosas, mucho más precisas, mucho
más rápidas. El poder de las armas
existentes equivale a cuatrocientas
cuarenta mil veces la potencia de
cualquiera de las dos bombas que
lanzaron en Japón sobre Hiroshima o
Nagasaki; probaron las dos, una a partir
del uranio y otra a partir del
plutonio. Ya todas esas tecnologías se
dominan y las armas se usan con
precisión total.
Los acuerdos que
se han tomado entre las grandes
potencias prácticamente carecen de
valor, porque no se traducen en una real
reducción de las armas.
A mí se me
ocurre que si la organización de ustedes
hace contacto con él, que es un hombre
muy generoso, él podría ofrecerles una
conferencia sobre este problema.
Yo le preguntaba
sobre la neblina, porque él explica y
demuestra que, como consecuencia de las
explosiones nucleares, todo arde, la
madera; todo lo que procede del
petróleo, y otras muchas cosas, como él
explicaba, arden y, mezcladas con la
tierra, producen grandes concentraciones
de polvo. Lo tiene todo estudiado: qué
ocurriría si fueran dos o si fueran 10,
si fueran 100, y tiene un límite. Esa
nube de polvo se extendería por todo el
mundo en un período de tiempo, creo que
no mayor de tres semanas, y la
temperatura bajaría por debajo del punto
de congelación. Bueno, implica, por
ejemplo, una noche de meses, que no
permite el cruce de la luz solar.
Desaparece la producción de alimentos y
las consecuencias son horribles; más de
6 000 millones de personas se quedarían
sin alimentos, además del frío.
Yo le hice una
pregunta cuando él terminó la exposición
de una hora, con mapas, con gráficos;
han estudiado todos los efectos de las
erupciones de los volcanes; han
estudiado cómo se extiende el polvo cada
vez que ocurre una. Incluso, uno
reciente en Islandia, en Europa, creó
problemas muy serios. Han estudiado
igualmente los grandes incendios que han
ocurrido de manera natural, o como
consecuencia de guerra o accidente. Yo
le pregunto: "¿Cuántas personas en el
mundo conocen esa información que usted
está brindando?" Dice: "Casi nadie."
Le digo: "Y en su propio país, ¿cuántas
personas lo conocen?" Me dijo: "Muy
pocas." Digo: "¿Y cómo puede
explicarse ese fenómeno?" Le añadí,
además: "A lo mejor hay que estudiarlo,
buscar especialistas en psicología y en
otras ramas para encontrarle una
explicación a ese fenómeno", y él me
dijo entonces: "Tengo una respuesta:
eso se llama estado de negación." Él
razonaba que cuando podían ocurrir cosas
horribles, la gente rechazaba la idea de
creerlas posibles.
A esa
explicación que él da se le pudiera
sumar otra, que está relacionada con los
medios de información, el monopolio de
los medios de información. Las cosas
que suceden en el mundo, a pesar de los
medios modernos que existen, radio,
televisión, las filmaciones son
manejadas de la forma que las noticias
se suceden, pero no se explican, y
realmente muchas de las más importantes
que existen en el mundo no se conocen, o
se dan noticias y no se analizan. Sobre
eso hay libros muy importantes, sobre el
monopolio de los medios de información;
la verdad está secuestrada, no se
conoce. Son dos fenómenos.
Yo le explicaba
que nosotros no éramos pesimistas sobre
la posibilidad de crear una conciencia.
Yo les digo: se puede crear o no una
conciencia. Desde luego, si las masas
no saben leer y escribir no puede ni
siquiera intentarse; si la sociedad
tiene un nivel de conocimientos como lo
tiene la sociedad japonesa, entonces con
los propios medios de divulgación, no
solo por escrito, sino con la palabra,
con las imágenes, con la música, con
otras muchas manifestaciones, se puede
crear una conciencia hoy.
Les digo que ese
era el caso de Cuba. Si la gente no
sabía leer y escribir... ¿Qué puede
hacer una persona que no sepa leer ni
escribir? Si alcanzan o no un sexto
grado, si se gradúan o no de bachiller,
si cientos de miles realizan estudios
universitarios, si tienen buenos
profesores, se producen fenómenos
diferentes. La Revolución no se ha
defendido con la fuerza, se ha defendido
con los conocimientos, con la
conciencia. ¿Cómo podía un país
pequeño, como Cuba, resistir 50 años de
bloqueo y de hostigamiento? Creían que
podían rendir el país, o que podían
engañarlo, pero no pudieron. Era, a mi
juicio, una demostración de que se puede
formar una conciencia, porque si
renunciamos a la idea de que la
conciencia pueda crearse, entonces, ¿qué
sería del trabajo de ustedes? Porque
ustedes están recorriendo el mundo y
explicando, llevando a las personas que
conocieron de cerca eso, y contando
hechos que son desgarradores, realmente.
Y me explico todavía mejor lo que
ustedes están realizando, porque lo
están sintiendo, y están llevando
personas que lo vivieron, y tienen las
imágenes, tienen muchas cosas.
Yo estuve en
Hiroshima. Visité el museo. Todo me lo
explicaron allí: lo que resistió, lo que
no resistió; y una de las imágenes
tremendas de la tragedia humana era la
estampa de los niños que no habían
nacido todavía, madres gestantes a las
que faltaba un mes, dos meses, tres
meses, esas imágenes han quedado
estampadas allí, y son de un gran
impacto, y pienso que hay material para
lograrlo. Yo diría que hoy hay mucha
más conciencia; pero hace falta mucha
más. Y el hecho real es que hoy toda la
humanidad está amenazada de algo tan
horrible como lo que ustedes han
contado, e incluso más horrible todavía,
porque lo hemos escuchado de las
personas que estaban en el área de la
primera bomba, el dolor por las personas
que murieron, las personas que fueron
quemadas, que fueron lesionadas o fueron
irradiadas y han vivido más de 50 años.
Hace en realidad 65 años de que se
produjeron aquellas explosiones, y hoy
miles de ellas más poderosas y precisas
amenazan la humanidad.
El científico
afirma la teoría de que, mientras más
armas nucleares posea un país, menos
posibilidades de paz y seguridad tendrá.
Él es partidario de que se liquiden
todas las armas nucleares. Yo voy un
poco más lejos. Pienso que si se
liquidan las amas nucleares y no se
liquidan las armas convencionales, es
casi igual.
El poder
destructivo de tales armas
convencionales es hoy enorme. Una bomba
con fragmentos de tungsteno, portada en
una pesada ojiva, sin uso de energía
nuclear, adquiere velocidad en el
espacio de 25 000 kilómetros por hora,
más de 20 veces la velocidad del sonido;
desciende luego a no menos de 20 000
kilómetros. Toda un área de lo que está
debajo es absolutamente destruida. No
queda puesto de mando, no queda
gobierno, no queda nada del objetivo
señalado. Eso se ha publicado, se ha
explicado. La guerra mundial pasada
costó 50 millones de vidas, víctimas de
armas convencionales, sin incluir las
víctimas y el daño humano de las dos
bombas nucleares, que ocasionaron más de
150 mil muertes y un número superior de
personas que sufrieron quemaduras,
irradiación y otros muchos daños. La
destrucción, el hambre, las
enfermedades, afectaron a gran parte del
mundo en aquella guerra. Si se produjera
otra guerra mundial, sería la última, no
puede haber otra.
El mismo
Einstein lo dijo, que no sabría cómo
sería otra guerra mundial en la era
atómica; pero que la siguiente sería con
arcos y flechas.
Yo había traído
una carta que me envió Robock, el
mencionado científico, en respuesta a
una pregunta que le hice cuando él ya
estaba en el aeropuerto de regreso a su
país. En su conferencia había
trasmitido unos datos sobre el planeta
Marte; me comuniqué por teléfono y le
pregunté dónde podía obtener más datos
sobre ese planeta. Él me explicó que
Marte tenía atmósfera, algo que dado su
poco grosor yo ignoraba. Me prometió
enviar información.
Dos o tres días
más tarde la envió.
"Marte posee una
atmósfera mucho menos espesa que la de
la Tierra, con solo un 7% de aire...
Equivale a la densidad del aire de la
Tierra a 21 kilómetros de altura."
"La atmósfera
marciana ―añade― está compuesta, casi en
su totalidad, por dióxido de carbono."
Lo informado se
relaciona con lo que estamos hablando:
los efectos de las explosiones
nucleares. Las consecuencias sobre el
clima. ¿Qué se ha dicho del medio
ambiente? ¿Qué se ha dicho del cambio
climático? ¿Es que no existe ese grave
problema? ¿Es que no se ha investigado?
¿Es que no existe una prestigiosa
película elaborada con la cooperación de
los más eminentes científicos sobre el
cambio climático, sus efectos en las
lluvias, la economía y la vida de los
seres humanos? Eso está estudiado como
un segundo problema en el cambio
climático. Es decir, no hay que esperar
que haya una guerra nuclear para que la
vida desaparezca en el planeta. Así
como les estoy diciendo, para que la
vida desaparezca en el planeta.
La economía y la
vida de las naciones se basan hoy en el
consumo de materias primas no
renovables, entre otras, la más
importante, el petróleo, una materia
prima que se consume a ritmo de casi 100
millones de barriles diarios.
Tómese en cuenta
que el petróleo tardó cientos de
millones de años en formarse a partir de
materia viva.
Alrededor de 400
millones de años fue lo que se requirió
para que se formara el petróleo, el gas
y el carbón. ¿En qué tiempo el hombre
está gastando el petróleo que la
naturaleza acumuló durante 400 millones
de años? En apenas 130 años los seres
humanos han gastado ya más de la mitad
de ese combustible, cuyo consumo además
tiene efectos tremendos en el medio
ambiente. Dióxido de carbono, que tanto
abunda en la atmósfera de Marte, es
precisamente lo que produce el consumo
de petróleo. Son factores que la
humanidad debe conocer, enfrentar y
resolver. Es el precio de su existencia.
La población
humana no puede crecer ilimitadamente,
ya que el planeta donde surgimos y
vivimos tiene límites. Se calcula, si
mal no recuerdo, que para el año 2050 la
población alcanzará la cifra de más de 9
000 mil millones de habitantes. Hace
sólo 200 años apenas alcanzaba los mil
millones. Las consecuencias que eso
tiene con relación al agua, a los
alimentos, a la energía y a las materias
primas son realmente extraordinarias.
Japón es país de
bastante limitada superficie para su
población, hoy se acerca ya a 130
millones de habitantes, tengo entendido;
se afirma que es la nación de mayor
promedio de vida y portadora de una
elevada cultura, y que su población se
estabilizará en algo más de 100 millones
de personas. Luego es posible alcanzar
la estabilidad de la población.
Un país vecino
de ustedes, China, aplica una rigurosa
política de población; si no hubiese
adoptado esa política, hoy en China
habría alrededor de 3 000 millones de
habitantes. Entre China y la India
poseen casi la mitad de los habitantes
del planeta.
Son realidades.
Las personas deben tener el valor de
enfrentar las realidades, de conocerlas,
como están haciendo ustedes con relación
a las terribles consecuencias de las
explosiones nucleares. Los que nazcan
deben tener condiciones indispensables,
disfrutar de una vida natural y tan
plena como sea posible. No es lo que
está ocurriendo. Mueren cada año
alrededor de 8 o 10 millones a
consecuencia del hambre y de la falta de
atención médica. ¿Quiénes hablan de
eso? Algunos científicos y algunos
políticos. De tales noticias apenas se
habla; a las grandes transnacionales no
les interesa el tema.
Yo sé que
ustedes, en este propio viaje, nos
solicitaron que enviáramos un médico con
experiencia internacionalista, no
alguien que estuviera pensando serlo. De
esos mismos médicos cubanos, hay miles
de ellos en numerosos países. Ustedes se
asombrarían seguramente si conocieran lo
que, por ejemplo, nuestro pequeño país
puede hacer por otros pueblos. No se
trata de tareas irrealizables lo que
sostengo.
Matsumi
Matsumura.- Comandante, mire, lo
que le quería comentar por nuestra
parte, que usted mencionó al
internacionalista...
Cmdte.-
¿Y está aquí?
Matsumi
Matsumura.- Sí.
Cmdte.-
¿Dónde está? Puede levantar la mano.
Deja ver si te
veo mejor.
Me dijeron que
estuviste en Haití, ¿no?
Matsumi
Matsumura.- El señor Dr. Liván
Torero, que él trabajó mucho para la
gente de Haití después del terremoto y
lo hemos invitado al barco de la paz
para que nos dé su experiencia allá en
Haití. Y también a su lado tenemos a
José Ramón, el bailarín de salsa, que
para nosotros es muy importante conocer
su cultura; creo que es un baile
tradicional y nosotros hemos aprendido
mucho sobre la salsa.
De verdad,
muchísimas gracias por ofrecernos esta
invitación. Muchísimas gracias,
Comandante (Aplausos).
Cmdte.-
Lo felicito, y muchas gracias. Lo
mencioné porque sé la tarea que están
haciendo e iba a citar el caso de Haití
como una prueba de lo que puede la
conciencia.
En la propia
Bolivia hay casi 2 000 médicos, están en
muchos lugares. En Ecuador, que tiene
15 millones de habitantes, están
ayudando a indagar y prestar atención a
todos aquellos que por problemas
genéticos o de otra índole son
inválidos, nacieron ciegos o nacieron
sin poder oír. Al no poder oír un niño,
se vuelve mudo; si no conoce los sonidos
no puede emitirlos. Muchos problemas
tienen solución con un equipito, con
ponerles un audífono podrían hablar y
comunicarse.
Si nacen ciegos
y sordos es una situación más
complicada. ¿Cómo será la vida de una
persona ciega y sordomuda, que nunca ha
oído y nunca vio?
Conozco los
resultados del implante coclear y cómo
aprenden a oír, hablar, escuchar la
música y conocer el mundo; sus vidas
cambian.
Creo que la
sociedad debe hacer conocer a los
padres, tratar de advertir los riesgos;
que en determinados casos, no debieran
tener descendientes. Considero que cada
ser humano que nazca debe venir al mundo
con toda su potencialidad. Si por alguna
razón nacen con deficiencias vitales no
hereditarias, hay que hacer todo lo
posible para enriquecer la vida de esas
personas. Los que no puedan ser
alimentados realmente, los que no puedan
ser educados, los que no puedan tener
una vida normal, una vida que valga la
pena vivir, no deben ser concebidos,
sencillamente.
Comprendo que no
todos pueden pensar exactamente igual,
hay influencias religiosas, yo respeto
todo eso; pero estoy expresando con
franqueza mi opinión y por qué. Para el
género humano, en la actualidad, se
trata, realmente, del famoso problema
ser o no ser, si va a sobrevivir o no
esta especie, que realmente bastante
daño ha ocasionado a los demás seres
vivos. Desde que surgió la especie
humana lo trastornó todo, la
inteligencia hasta ahora ha constituido
una tragedia para la naturaleza, y con
las armas nucleares pudiera llegar a
crearse un problema tan grave como el de
aquel famoso asteroide que cayó —dicen—
en el istmo de Tehuantepec, en México,
hace decenas de millones de años, y
produjo un prolongado invierno.
Ninguna otra
especie hizo eso, mantuvo el equilibrio
con la naturaleza a lo largo de miles de
millones de años, alrededor de 4 mil. El
hombre es nuevo. Surgió hace menos de
200 000 años esta especie pensante ―lo
de pensante yo diría que está por
demostrar, si no demostrara que es capaz
de sobrevivir. Excúsenme de que sea un
poco duro con nuestras insensateces. Lo
único demostrado hasta hoy, es que no
existe la menor prueba de que haya sido
precedida por otra.
En fin, todos
estos problemas están combinados, y a mí
me parece que deben asociarse para ganar
la batalla que debe ser el objetivo de
los seres humanos. Entonces tal vez
muchas cosas maravillosas podrían
crearse.
¿Cuánta gente
bien preparada científicamente, cuántas
eminencias tiene el mundo? El 80% de
los ingenieros de Estados Unidos están
dedicados a la esfera militar, a crear
los medios y la ciencia para destruir y
matar, en virtud de un sistema pérfido
que los condujo a ese destino.
Nuestra
aspiración es que las personas alcancen
niveles intelectuales altos.
Casualmente, cuando venía hacia acá,
tomé un boletín de noticias y me
encuentro con una de ellas, la cual
señalaba que Cuba ocupaba el primer
lugar del mundo en el porcentaje de
estudiantes matriculados en los centros
superiores de estudio. Venezuela ocupaba
el quinto lugar; segundo, tercero y
cuarto lo ocupaban la República de
Corea, Finlandia, y Grecia; Estados
Unidos estaba por detrás de nosotros en
el sexto lugar.
Yo cité al
médico, porque esos hombres y mujeres
―la mayoría son mujeres― están
trabajando en Bolivia, en Nicaragua, en
Venezuela, en muchos países del Tercer
Mundo. Pero, ¿por qué? Me asombro:
vienen, por ejemplo, de vacaciones 15
días y se desesperan por regresar a sus
puestos de trabajo, les echan de menos a
los pacientes; hay que oír a los
pacientes cómo se expresan. Es un
producto de la conciencia, eso no se
compró en ningún lugar, no se hace por
dinero.
La tarea que
realizan los compañeros en Haití es un
producto de la conciencia. Por eso me
atrevo a hablar de la conciencia, porque
he visto que la conciencia hizo posible
la Revolución, hizo posible la
resistencia, independientemente de las
críticas que nos hagan o de los errores
que podamos cometer, porque ninguna obra
humana es perfecta. No tememos lo más
mínimo a hablar de errores, porque lo
que no tiene perdón es lo que se hace
conscientemente en perjuicio de los
demás.
No hay obra
humana perfecta, pero creemos en ella, y
si no creyéramos en ella, no estaríamos
haciendo lo que estamos haciendo, y
tampoco lo que ustedes tan noblemente
están haciendo.
Lamento que les
he tomado demasiado tiempo.
Prosigue mañana.

Fidel Castro Ruz
Septiembre 25 de 2010
12 y 14 p.m. |