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REFLEXIONES DEL COMPAÑERO FIDEL
Una declaración brillante y valiente
(Tomado de CubaDebate)
La atención a otros
asuntos ahora prioritarios, me apartaron
momentáneamente de la frecuencia con que
elaboré reflexiones durante el año 2010,
sin embargo, la proclama del líder
revolucionario Hugo Chávez Frías el
pasado jueves 30 me obliga a escribir
estas líneas.
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Fidel Castro y Hugo Chávez
conversan en La Habana,
Cuba, el 3 de julio del
2011. |
El
presidente de Venezuela es uno de los
hombres que más ha hecho por la salud y
educación de su pueblo; como son temas
en los que mayor experiencia ha
acumulado la Revolución cubana,
gustosamente colaboramos al máximo en
ambos campos con este hermano país.
No
se trata en absoluto de que ese país
careciera de médicos, por el contrario,
los poseía en abundancia e incluso entre
ellos profesionales de calidad, como en
otros países de América Latina. Se trata
de una cuestión social. Los mejores
médicos y los más sofisticados equipos
podrían estar, como en todos los países
capitalistas, al servicio de la medicina
privada. A veces ni siquiera eso, porque
en el capitalismo subdesarrollado, como
el que existía en Venezuela, la clase
rica contaba con medios suficientes para
acudir a los mejores hospitales de
Estados Unidos o Europa, algo que era y
es habitual sin que nadie pueda negarlo.
Peor aún, Estados Unidos y Europa se han
caracterizado por seducir a los mejores
especialistas de cualquier país
explotado del Tercer Mundo para que
abandonen su patria y emigren a las
sociedades de consumo. Formar médicos
para ese mundo en los países
desarrollados implica fabulosas sumas
que millones de familias pobres de
América Latina y el Caribe, no podrían
pagar nunca. En Cuba sucedía eso hasta
que la Revolución aceptó el reto, no
solo de formar médicos capaces de servir
a nuestro país, sino a otros pueblos de
América Latina, el Caribe o del mundo.
Jamás
hemos arrebatado las inteligencias a
otros pueblos. En cambio en Cuba se han
formado gratuitamente decenas de miles
de médicos y otros profesionales de alto
nivel para devolverlos a sus propios
países.
Gracias a sus profundas revoluciones
bolivarianas y martianas, Venezuela y
Cuba son países donde la salud y la
educación se han desarrollado
extraordinariamente. Todos los
ciudadanos tienen derecho real a recibir
gratuitamente educación general y
formación profesional, algo que Estados
Unidos no ha podido ni podrá garantizar
a todos sus habitantes. Lo real es que
el gobierno de ese país invierte cada
año un millón de millones de dólares en
su aparato militar y sus aventuras
bélicas. Es además el mayor exportador
de armas e instrumentos de muerte y el
mayor mercado de drogas del mundo.
Debido a ese tráfico, decenas de miles
de latinoamericanos pierden la vida cada
año.
Es
algo tan real y tan conocido, que hace
más de 50 años, un Presidente de origen
militar denunció, con tono amargo, el
poder decisivo acumulado por el complejo
militar industrial en ese país.
Estas
palabras estarían de más si no mediara
la odiosa y repugnante campaña desatada
por los medios de difusión masiva de la
oligarquía venezolana, al servicio de
ese imperio, utilizando las dificultades
de salud que atraviesa el Presidente
bolivariano. A este nos une una estrecha
e indestructible amistad, surgida desde
que visitó por primera vez nuestra
patria, el 13 de diciembre de 1994.
A
algunos les extrañó la coincidencia de
su visita a Cuba con la necesidad de
atención médica que se produjo. El
Presidente venezolano visitó a nuestro
país con el mismo objetivo que lo llevó
a Brasil y Ecuador. No traía intención
alguna de recibir servicios médicos en
nuestra patria.
Como se conoce un grupo de especialistas
cubanos de la salud prestan, desde hace
años, sus servicios al Presidente
venezolano, que fiel a sus principios
bolivarianos, jamás vio en ellos
extranjeros indeseables, sino hijos de
la gran Patria Latinoamericana por la
cual luchó el Libertador hasta el último
aliento de su vida.
El
primer contingente de médicos cubanos
partió hacia Venezuela cuando se produjo
la tragedia en el estado de Vargas, que
costó miles de vidas a ese noble pueblo.
Esta acción de solidaridad no era nueva,
constituía una tradición arraigada en
nuestra patria desde los primeros años
de la Revolución; desde que hace casi
medio siglo médicos cubanos fueron
enviados a la recién independizada
Argelia. Esa tradición se profundizó a
medida que la Revolución cubana, en
medio de un cruel bloqueo, formaba
médicos internacionalistas. Países como
Perú, la Nicaragua de Somoza y otros del
hemisferio y el Tercer Mundo, sufrieron
tragedias por terremotos u otras causas
que requirieron la solidaridad de Cuba.
Así nuestra patria se convirtió en la
nación del mundo con más alto índice de
médicos y personal especializado en
salud, con elevados niveles de
experiencia y capacidad profesional.
El
Presidente Chávez se esmeró en la
atención de nuestro personal de salud.
Así nació y se desarrolló el vínculo de
confianza y amistad entre él y los
médicos cubanos que fueron siempre muy
sensibles al trato del líder venezolano,
el cual por su parte, fue capaz de crear
miles de centros de salud y dotarlos de
los equipos necesarios para prestar
servicios gratuitos a todos los
venezolanos. Ningún gobierno del mundo
hizo tanto, en tan breve tiempo, por la
salud de su pueblo.
Un
elevado porcentaje de personal cubano de
la salud prestó servicios en Venezuela y
muchos de ellos actuaron además como
docentes en determinadas materias
impartidas para la formación de más de
20 mil jóvenes venezolanos que comienzan
a graduarse como médicos. Muchos de
ellos comenzaron sus estudios en nuestro
propio país. Los médicos
internacionalistas integrantes del
Batallón 51, graduados en la Escuela
Latinoamericana de Medicina, han ganado
un sólido prestigio en el cumplimiento
de complejas y difíciles misiones. Sobre
esas bases se desarrollaron mis
relaciones en ese campo con el
presidente Hugo Chávez.
Debo añadir que a lo largo de más de
doce años desde el 2 de febrero del año
1999, el Presidente y líder de la
Revolución venezolana no ha descansado
un solo día, y en eso ocupa un lugar
único en la historia de este hemisferio.
Todas sus energías, las ha consagrado a
la Revolución.
Podría afirmarse que por cada hora extra
que Chávez dedica a su trabajo, un
Presidente de Estados Unidos, descansa
dos.
Era
difícil, casi imposible, que su salud no
sufriera algún quebranto y eso sucedió
en los últimos meses.
Persona habituada a los rigores de la
vida militar, soportaba estoicamente los
dolores y molestias que con frecuencia
creciente lo afectaban. Dadas las
relaciones de amistad desarrolladas y
los intercambios constantes entre Cuba y
Venezuela, sumado a mi experiencia
personal con relación a la salud, que
viví desde la proclama del 30 de julio
del año 2006, no es raro que me
percatara de la necesidad de un chequeo
riguroso de la salud del Presidente. Es
demasiado generoso de su parte,
atribuirme algún merito especial en este
asunto.
Admito, desde luego, que no fue fácil la
tarea que me impuse. No era para mí
difícil percatarme de que su salud no
andaba bien. Habían transcurrido 7 meses
desde que se realizó su última visita a
Cuba. El equipo médico dedicado a la
atención de su salud me había rogado que
hiciera esa gestión. Desde el primer
momento la actitud del Presidente era
informar al pueblo, con absoluta
claridad, su estado de salud. Por ello,
estando a punto ya de regresar, a través
de su Ministro de Relaciones Exteriores,
informó al pueblo sobre su salud hasta
ese instante y prometió mantenerlo
detalladamente informado.
Cada cura iba acompañada por rigurosos
análisis celulares y de laboratorio, que
en tales circunstancias se realizan.
Uno
de los exámenes, varios días posteriores
a la primera intervención, arrojó
resultados que determinaron una medida
quirúrgica más radical y el tratamiento
especial del paciente.
En
su digno mensaje del 30 de junio, el
Presidente notablemente recuperado habla
de su estado de salud con toda claridad.
Admito que para mí no fue fácil la tarea
de informar al amigo de la nueva
situación. Pude apreciar la dignidad con
que recibió la noticia que —para él con
tantas tareas importantes que llevaba en
la mente, entre ellas el acto
conmemorativo del Bicentenario y la
formalización del acuerdo sobre la
unidad de América Latina y el Caribe—
mucho más que los sufrimientos físicos
que implicaba una cirugía radical,
significa una prueba que como expresó la
hizo comparar con los momentos duros que
le tocó enfrentar en su vida de
combatiente indoblegable.
Junto a él, el equipo de personas que lo
atienden y que él calificó de sublimes,
han librado la magnífica batalla de la
que he sido testigo.
Sin
vacilación afirmo que los resultados son
impresionantes y que el paciente ha
librado una batalla decisiva que lo
conducirá y con él a Venezuela, a una
gran victoria.
Hay
que hacer que su alegato se comunique al
pie de la letra en todas las lenguas,
pero sobre todo que sea traducido y
subtitulado al inglés, un idioma que
pueda entenderse, en esta Torre de Babel
en que el imperialismo ha convertido al
mundo.
Ahora los enemigos externos e internos
de Hugo Chávez están a merced de sus
palabras y sus iniciativas. Habrá sin
dudas sorpresas para ellos. Brindémosle
el más firme apoyo y confianza. Las
mentiras del imperio y la traición de
los vendepatrias serán derrotadas. Hoy
hay millones de venezolanos combativos y
conscientes, que la oligarquía y el
imperio no podrán volver a someter
jamás.

Fidel
Castro Ruz
Julio 3 de 2011
4 y 12 p.m. |