|
Abandonen
Iraq antes que EE.UU. se encuentre demasiado
comprometido
Por DeWayne Vickham -tomado de USA Today-
Cuando los Estados
Unidos invadieron a Cuba en 1898 para liberarla del
opresivo gobierno colonial español, la declaración
de guerra del Congreso renunció a cualquier deseo
“de ejercitar la soberanía, jurisdicción o
control” sobre esa isla caribeña.
Pero cuando
finalizó la guerra, los Estados Unidos
establecieron un gobierno en Cuba encabezado por un
general norteamericano. Antes de devolverles su
soberanía al pueblo cubano en 1902, los gobernantes
norteamericanos abrieron la isla a los negocios
norteamericanos. Y, como condición para ganar su
independencia, el Congreso presionó a Cuba para
darle a los Estados Unidos el derecho a establecer
una base militar en suelo cubano e intervenir en sus
asuntos -que los Estados Unidos llevaron a cabo
cuatro veces entre 1906 y 1920.
Todo parece indicar
que la historia se va a repetir en el Iraq de
posguerra. La administración de Bush ha colocado al
retirado teniente general Jay Garner a cargo de los
asuntos civiles iraquíes antes de decidir que haya
madurado el tiempo para devolverle el control de ese
país medioriental a su pueblo. Durante este
período de ocupación norteamericana, los Estados
Unidos tendrán la potestad para determinar qué
tipo de gobierno emergerá en ese país y quién lo
dirigirá.
El primer aspirante
para hacerse cargo del gobierno iraquí es Ahmad
Chalabi, un exilado de 57 años que dejó a su país
cuando contaba 12 años. Su acceso al poder está
basado más en las tropas militares norteamericanas,
que lo protegen, y no en ningún amplio partidismo a
su favor del pueblo iraquí.
Para asegurar los
resultados que quieren en Iraq, no hay dudas que la
administración de Bush le impondrá un compromiso
al liderazgo civil que se instale en Bagdad, para
así tener una mayor presencia en Iraq por largo
tiempo. El pasado fin de semana, hubo informes de
que el Pentágono quiere por lo menos establecer
cuatro bases allí -avanzadas similares a la que ha
permitido a los Estados Unidos mantener una
presencia militar en Cuba en los últimos 100 años.
Dicha presencia
más bien puede obstruir y no proteger la voluntad
del pueblo iraquí.
Después que los
iraquíes vuelvan a lograr el control de su país,
¿permitirían las autoridades norteamericanas que
las tropas allí estacionadas se mantengan
contemplativas y no hagan nada si una república
islámica -aún una elegida democráticamente-
tomara el poder? ¿Qué se le ordenaría a estas
tropas si el nuevo gobierno iraquí comienza a
reprimir a sus oponentes?
En 1912, una
década después que finalizó la primera ocupación
de Cuba, el gobierno, que era dominado por los
blancos, masacró a más de 6 000 negros, muchos de
los cuales eran veteranos de la guerra de
independencia. Habían organizado el primer partido
político negro en el hemisferio occidental, para
exigir igualdad racial.
Se le ordenó a las
tropas de Estados Unidos en la isla proteger a los
ciudadanos e intereses de dicho país y no hicieron
nada para detener la masacre. Pocos días después
de los cruentos hechos, un periódico cubano
publicó una caricatura de un soldado cubano y otro
norteamericano jugando al fútbol con las cabezas de
dos líderes negros muertos -una descripción de la
cooperación que, según dicha publicación, las
tropas norteamericanas habían dado a los militares
cubanos que realizaron la matanza.
La administración
de Bush ha dicho que mantendrá el control sobre
Iraq hasta que se restablezca el orden y un gobierno
representativo se arraigue. Eso con seguridad
llevará años y forzará a los Estados Unidos a
parcializarse en las luchas por el poder que
inevitablemente ocurrirán.
Esa es la fórmula
del desastre.
Si el objetivo para
atacar Iraq era la liberación y no la conquista,
entonces el gobierno de Bush debería traspasar el
control de dicho país a las Naciones Unidas.
Mientras más permanezca en Iraq los Estados Unidos,
más se verá involucrado en la conformación de su
nuevo gobierno y aumentará la presión de las
empresas norteamericanas, ansiosas de obtener
ganancias de la ocupación de ese país, rico en
petróleo.
La noche que
comenzó la guerra el presidente Bush dijo que “no
ambicionamos nada en Iraq, con la excepción de
eliminar una amenaza y restablecer el control de ese
país a su propio pueblo.”
Pronto sabremos si
hablaba en serio.
DeWayne Wickham
escribe una columna semanal para USA TODAY.
|