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La Habana. 28 de mayo de 2003

Abandonen Iraq antes que EE.UU. se encuentre demasiado comprometido

Por DeWayne Vickham -tomado de USA Today-

Cuando los Estados Unidos invadieron a Cuba en 1898 para liberarla del opresivo gobierno colonial español, la declaración de guerra del Congreso renunció a cualquier deseo “de ejercitar la soberanía, jurisdicción o control” sobre esa isla caribeña.

Pero cuando finalizó la guerra, los Estados Unidos establecieron un gobierno en Cuba encabezado por un general norteamericano. Antes de devolverles su soberanía al pueblo cubano en 1902, los gobernantes norteamericanos abrieron la isla a los negocios norteamericanos. Y, como condición para ganar su independencia, el Congreso presionó a Cuba para darle a los Estados Unidos el derecho a establecer una base militar en suelo cubano e intervenir en sus asuntos -que los Estados Unidos llevaron a cabo cuatro veces entre 1906 y 1920.

Todo parece indicar que la historia se va a repetir en el Iraq de posguerra. La administración de Bush ha colocado al retirado teniente general Jay Garner a cargo de los asuntos civiles iraquíes antes de decidir que haya madurado el tiempo para devolverle el control de ese país medioriental a su pueblo. Durante este período de ocupación norteamericana, los Estados Unidos tendrán la potestad para determinar qué tipo de gobierno emergerá en ese país y quién lo dirigirá.

El primer aspirante para hacerse cargo del gobierno iraquí es Ahmad Chalabi, un exilado de 57 años que dejó a su país cuando contaba 12 años. Su acceso al poder está basado más en las tropas militares norteamericanas, que lo protegen, y no en ningún amplio partidismo a su favor del pueblo iraquí.

Para asegurar los resultados que quieren en Iraq, no hay dudas que la administración de Bush le impondrá un compromiso al liderazgo civil que se instale en Bagdad, para así tener una mayor presencia en Iraq por largo tiempo. El pasado fin de semana, hubo informes de que el Pentágono quiere por lo menos establecer cuatro bases allí -avanzadas similares a la que ha permitido a los Estados Unidos mantener una presencia militar en Cuba en los últimos 100 años.

Dicha presencia más bien puede obstruir y no proteger la voluntad del pueblo iraquí.

Después que los iraquíes vuelvan a lograr el control de su país, ¿permitirían las autoridades norteamericanas que las tropas allí estacionadas se mantengan contemplativas y no hagan nada si una república islámica -aún una elegida democráticamente- tomara el poder? ¿Qué se le ordenaría a estas tropas si el nuevo gobierno iraquí comienza a reprimir a sus oponentes?

En 1912, una década después que finalizó la primera ocupación de Cuba, el gobierno, que era dominado por los blancos, masacró a más de 6 000 negros, muchos de los cuales eran veteranos de la guerra de independencia. Habían organizado el primer partido político negro en el hemisferio occidental, para exigir igualdad racial.

Se le ordenó a las tropas de Estados Unidos en la isla proteger a los ciudadanos e intereses de dicho país y no hicieron nada para detener la masacre. Pocos días después de los cruentos hechos, un periódico cubano publicó una caricatura de un soldado cubano y otro norteamericano jugando al fútbol con las cabezas de dos líderes negros muertos -una descripción de la cooperación que, según dicha publicación, las tropas norteamericanas habían dado a los militares cubanos que realizaron la matanza.

La administración de Bush ha dicho que mantendrá el control sobre Iraq hasta que se restablezca el orden y un gobierno representativo se arraigue. Eso con seguridad llevará años y forzará a los Estados Unidos a parcializarse en las luchas por el poder que inevitablemente ocurrirán.

Esa es la fórmula del desastre.

Si el objetivo para atacar Iraq era la liberación y no la conquista, entonces el gobierno de Bush debería traspasar el control de dicho país a las Naciones Unidas. Mientras más permanezca en Iraq los Estados Unidos, más se verá involucrado en la conformación de su nuevo gobierno y aumentará la presión de las empresas norteamericanas, ansiosas de obtener ganancias de la ocupación de ese país, rico en petróleo.

La noche que comenzó la guerra el presidente Bush dijo que “no ambicionamos nada en Iraq, con la excepción de eliminar una amenaza y restablecer el control de ese país a su propio pueblo.”

Pronto sabremos si hablaba en serio.

DeWayne Wickham escribe una columna semanal para USA TODAY.

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