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LA VICTORIA
ESTRATÉGICA
(Introducción)
Capítulos
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VII
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XXIV
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XXV
Hasta
San Lorenzo
(Capítulo 6)
El
20 de junio, el mismo día de la
ocupación por el enemigo de las Vegas de
Jibacoa, le ordené a Raúl Castro
Mercader y a Angelito Verdecia que
cubrieran con sus hombres la subida
hacia Minas del Infierno y Mompié desde
las Vegas. Como se recordará, los dos
capitanes estaban situados en ese
momento detrás de Las Mercedes, esa
posición resguardaba la subida hacia el
firme de la Maestra en la zona de San
Lorenzo, por la vía de la loma de El
Gurugú.
A
pesar de que nuestra apreciación era que
el siguiente paso del enemigo, una vez
ocupada Las Mercedes, sería avanzar en
dirección a San Lorenzo, la presencia en
las Vegas de una tropa planteaba otra
amenaza de cierto peligro: la
posibilidad de un avance desde las Vegas
también en dirección al firme, pero en
este caso por una zona mucho más
céntrica y cercana a nuestro territorio
base, como sería Mompié y el alto de la
tiendecita de la Maestra. De ahí mi
decisión de cambiar momentáneamente las
prioridades en la defensa del sector
noroeste. Raúl Castro Mercader y
Angelito incorporaron en estas nuevas
posiciones a personal de las tropas de
Horacio Rodríguez y Orlando Lara, que
habían participado en la derrotada
defensa del acceso a las Vegas.
Sin
embargo, dos días después, el grueso de
las fuerzas que ocuparon las Vegas de
Jibacoa se retiró a sus bases de partida
en Arroyón y Las Mercedes. En las Vegas
quedó solamente la Compañía 92 del
Batallón 19, que en los días
subsiguientes se limitó a realizar
exploraciones en los alrededores del
propio caserío.
Al
tener noticias de este movimiento el día
22, me percaté de que mi apreciación
inicial era la correcta, y que el
siguiente golpe principal del enemigo en
este sector estaría dirigido hacia San
Lorenzo. Por esta razón, dispuse el
traslado de la escuadra de Angelito
Verdecia hacia el camino de La Yegua,
que sube a Minas de Frío desde las
Vegas. Desde allí, en caso necesario,
Angelito podría moverse rápidamente a
cubrir la subida hacia San Lorenzo si
los guardias intentaban acceder por esa
vía.
Pocos días después, el mando enemigo
realizó un movimiento al que todavía hoy
resulta difícil encontrar explicación.
Las Compañías 91 y 93 del Batallón 19
recibieron la orden de entrar de nuevo a
las Vegas y, junto con la otra compañía
que había quedado allí, seguir
avanzando, pero no en dirección al firme
por los caminos de Minas del Infierno,
Mompié o Minas de Frío, como hubiese
sido lo lógico, sino en dirección al
barrio de Taita José, lo cual desviaba
completamente a esa tropa del firme de
la Maestra. Taita José, por su ubicación
al suroeste de las Vegas, no tenía en
esos momentos significación militar
alguna. Tal vez el mando enemigo recibió
alguna información, en el sentido de que
allí existían determinadas instalaciones
rebeldes, lo cual no era cierto.
A
estas alturas, todos los accesos a la
Maestra desde las Vegas habían sido
cubiertos por el Che, quien estaba a
cargo directamente de la defensa de este
sector desde su puesto de mando en Minas
de Frío. Una escuadra al mando de Ramón
Fiallo cubría el camino de Minas del
Infierno y otra, a las órdenes de
Roberto Ruiz Borrego, estaba ubicada en
el camino de Purgatorio, que asciende
desde las Vegas a Minas de Frío.
Angelito Verdecia se mantuvo en la
subida de La Yegua, mientras que Orlando
Pupo y Daniel Readigo protegían los
accesos por las lomas de La Vela y de El
Pino, respectivamente. Esta última
escuadra sostuvo el día 27 de junio un
breve encuentro con la tropa enemiga que
iba camino de Taita José, en el que el
Ejército sufrió dos bajas.
Por
su parte, Alfonso Zayas se situó en el
camino de Gabiro y Raúl Castro Mercader
y sus hombres fueron trasladados hacia
Polo Norte, cerca de Minas de Frío,
donde se mantuvieron como reserva,
dispuestos a moverse hacia donde las
circunstancias lo requirieran.
Con
muy buen sentido, si consideramos que la
vía de Gabiro era una de las que con
mayor probabilidad utilizarían el
enemigo si pretendía continuar hacia el
interior de la montaña, el Che ordenó
también a Angelito Frías, quien
permanecía en El Jíbaro, que reforzara a
Zayas y enviara para allí a César Suárez
con 20 hombres.
Entre el 28 y el 29 de junio,
posiblemente después de comprobar que en
el barrio no había nada de lo que
buscaban, los guardias abandonaron Taita
José y regresaron a las Vegas. En esos
días, toda mi atención estaba enfocada
en los combates que tenían lugar en
Pueblo Nuevo y Casa de Piedra, con los
que se iniciaba la primera Batalla de
Santo Domingo, a la que nos referiremos
en un capítulo posterior.
Concentradas de nuevo las fuerzas de
tres compañías enemigas en las Vegas, el
día 30 de junio intentaron penetrar en
dirección al firme de la Maestra, pero
fueron rechazadas en la loma del
Infierno por la emboscada rebelde de las
escuadras de Orlando Pupo y Ramón Fiallo,
en la subida de la loma de La Vela, con
el apoyo de los hombres de Angelito
Verdecia, Daniel Readigo y Roberto Ruiz,
que acudieron con prontitud en auxilio
de sus compañeros. Los rebeldes causaron
una baja al enemigo. El Ejército se
retiró precipitadamente hacia las Vegas.
Ese
mismo día fui entrevistado en La Plata,
vía telefónica, desde la tiendecita de
la Maestra, por el periodista Norton
Silverstein, de la televisión
norteamericana. Desgraciadamente, no ha
sido posible encontrar esa grabación,
pero expliqué al periodista las razones
de nuestra lucha y expresé el mayor
optimismo ante el desarrollo de las
acciones de contención de la gran
ofensiva enemiga. Ya en ese momento, con
la primera Batalla de Santo Domingo, la
iniciativa había comenzado a estar de
nuestra parte.
Al
día siguiente del combate en la loma de
La Vela, las Compañías 91 y 93 se
retiraron de las Vegas en dirección a
Las Mercedes. Obviamente, como
consecuencia de este combate, el mando
enemigo consideró que los accesos al
firme desde las Vegas estaban bien
protegidos por nuestras fuerzas, y
decidió probar la vía alternativa de San
Lorenzo.
El
día 1ro. de julio, las Compañías 71 y 72
del Batallón 17 iniciaron el avance en
dirección a Gabiro desde Las Mercedes.
Las fuerzas rebeldes al mando de Raúl
Castro Mercader, Alfonso Zayas, César
Suárez y Angelito Frías combatieron con
tenacidad durante más de una hora, pero
al cabo se vieron obligadas a retirarse.
Bajo un aguacero torrencial, los
combatientes rebeldes se replegaron
sucesivamente a lo largo de las líneas
defensivas escalonadas, dispuestas con
anticipación, y frenaron el avance
enemigo durante el resto de la tarde. Al
anochecer, sin embargo, ya los guardias
alcanzaban el alto de la Maestra sobre
San Lorenzo. Los rebeldes se retiraron
en dirección a Polo Norte y El Tabaco.
El Ejército sufrió ese día algunas
bajas.
En
la mañana del 2 de julio, el grueso del
Batallón 17 llegó a San Lorenzo y, luego
de ocupar el caserío deshabitado,
estableció allí su campamento avanzado.
Una vez tomadas las alturas colindantes
y asegurado el perímetro, esa misma
tarde, las compañías 91 y 93 del
Batallón 19, recién llegadas el día
anterior a Las Mercedes, se trasladaron
a San Lorenzo por el mismo camino de
Gabiro.
Como ya dije, la ocupación de San
Lorenzo por fuerzas enemigas era una de
las alternativas previstas por nosotros
en este sector noroeste, aunque en
realidad no era lo más preocupante que
podría ocurrir, pues solo requería la
adopción de algunas medidas de reajuste
de las líneas defensivas. El mando del
Ejército decidió lanzar su golpe
principal en este sector, en una
dirección que lo alejaba del territorio
central rebelde, motivado tal vez por el
temor de una resistencia mucho más
fuerte en la zona de las Vegas y en un
terreno más favorable a nuestras
fuerzas. No obstante, el movimiento
hacia San Lorenzo tendría para el
enemigo la ventaja de adentrarse en un
frente que, precisamente por su
condición más periférica, podía estar
menos defendido y donde era más factible
la maniobra de la infantería atacante,
la cual podía, incluso, ser apoyada en
una buena parte del trayecto por medios
mecanizados. Si su propósito era
continuar en dirección a Minas de Frío,
podría lograrlo ocupando este punto, a
través de un rodeo de las principales
líneas de defensa rebeldes y no mediante
el asalto frontal desde las Vegas.
Por
eso, una vez conocida la noticia de la
ocupación de San Lorenzo por el grueso
del Batallón 17 y dos compañías del
Batallón 19, decidí concentrar los
principales efectivos de ese sector en
la defensa del acceso a Minas de Frío.
Desde ese propio día, comencé a tomar
las disposiciones necesarias. En la
madrugada del 3 de julio yo mismo salí
de La Plata hacia Minas de Frío para
estar más cerca de este frente de
combate y dirigir desde allí las
operaciones. Llevé conmigo a Andrés
Cuevas y su pelotón y a una escuadra de
la tropa de Camilo a las órdenes de
Felipe Cordumy.
Aparte de los grupos rebeldes que habían
defendido San Lorenzo, en la zona
permanecían las tropas de Raúl Castro
Mercader y Angelito Verdecia, situadas
en ese momento en Polo Norte y Gran
Tierra, respectivamente, además del
personal de la escuela de reclutas de
las Minas, que podía ser armado con
parte de lo ocupado en la Batalla de
Santo Domingo. Por el momento, yo
consideraba que estas fuerzas eran
suficientes. Otros grupos de los que
habían participado en las acciones de
Santo Domingo podrían ser movidos hacia
este sector, y ubicados en posiciones
desde donde pudieran moverse como
refuerzo, según las circunstancias.
Pero había que prever también la
posibilidad de que la intención del
enemigo después de la ocupación de San
Lorenzo no fuese continuar en dirección
a Minas de Frío, sino seguir hacia El
Tabaco, con el propósito de cruzar hacia
Meriño, lo cual podría significar una
amenaza de cierta consideración, aunque
menos inmediata y grave que la planteada
por la posibilidad del asalto directo a
Minas de Frío, pero para la que también
debíamos prepararnos. La ocupación de
Meriño colocaría al enemigo en la
profundidad del sector noroeste de
nuestro territorio, con el agravante de
que desde allí podría enlazar con las
fuerzas del Batallón 18 que venían
avanzando desde el Sur.
Junto con el avance y la ocupación de
San Lorenzo, las fuerzas enemigas
estacionadas en Cienaguilla penetraron
ese día hasta Aguacate. También algunas
tropas llegaron a Cupeyal, donde fueron
tiroteadas por grupos de escopeteros de
la columna de Crescencio Pérez. Pero no
siguieron más allá. El propio día 3 tomé
la decisión de ordenar la evacuación del
hospital de Pozo Azul hacia la zona de
Limones, debido a que este se encontraba
directamente amenazado por la ocupación
de Aguacate. |