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Viengsay Valdés se deja llevar
por el personaje
POR ANNE-MARIE GARCIA —especial para
Granma Internacional—
VIENGSAY Valdés, elegante y enérgica,
baila para disfrutar y tras "darlo todo"
en los ensayos "simplemente se deja
llevar" por el personaje que representa
en una función. La bailarina de 29 años
es una de las nuevas estrellas del
Ballet Nacional de Cuba de la legendaria
directora Alicia Alonso que aportó
“cabeza artística e inspiración”,
según Valdés.
“Me
fascina enfrentar la dualidad del
personaje de Odette-Odile, hay un
contraste entre el cisne blanco y el
cisne negro que en una misma noche
destaca a la bailarina”, dijo Valdés a
esta periodista. Pero “no soy malvada”,
aclaró con una sonrisa pícara.
“La interpretación me transforma aunque
siempre hay algún rasgo de mi
personalidad que le da un matiz al
personaje”, agregó.
Valdés, después de una clase de dos
horas como cada mañana, tomó un breve
descanso sentada en el patio de la casa
del barrio del Vedado en La Habana, sede
del Ballet Nacional de Cuba,
ofreciéndonos un rato para
familiarizarnos con la bailarina y
descubrir un poco a la persona.
Estudiante de segundo año en la Alianza
Francesa,Valdés dedica el poco tiempo
que le deja el Ballet a estudiar idioma
francés y un poco inglés. Y cuando se le
pregunta acerca de sus gustos musicales,
la estrella del ballet clásico confiesa
que es aficionada al hip-hop y
que le gusta oír artistas como Alicia
Keys, Usher, Bronce, Whitney Houston,
Tony Braxton, “es decir las voces de
mujeres negras o instrumentos ante
todo”.
Tiene cierto porte altivo y habla con
aplomo; sin embargo agregó con voz suave
y tono bajo “no es algo que yo me sienta
como las diosas por mi fama, simplemente
me gusta lo que hago, y si eso me hace
famosa, pues mejor todavía”.
La joven cubana no se considera alguien
especial a pesar de la fama, “tengo una
vida normal, soy una muchacha a quien le
gusta hacer como todos, divertirse, ir a
la playa, escuchar música”.
“Disfruto el momento en que se abre la
cortina, salgo al escenario y el público
aplaude. Lo doy todo en los ensayos para
poder en la función simplemente dejarme
llevar por el personaje”, explicó.
Esmera el trabajo psicológico pero ante
todo busca el virtuosismo. “Yo misma me
reto, abro con algo más difícil de lo
esperado, claro siempre llevando a la
par de la música, la coreografía, todas
esas cosas que son muy duras de lograr”,
comentó la bailarina que entró en el BNC
en 1994 y en el 2001 fue promovida
primera bailarina.
La gimnasia rítmica fue el deporte de
Valdés cuando niña pero como le gustaba
bailar “cualquier música”, a los nueve
años se inició en el ballet. Y como toda
bailarina cuida su figura y su dieta “en
una época era un poco gordita, por
ejercicios que no eran los indicados,
entonces comencé a hacer ejercicios con
un fisioterapeuta, él me ayudó con
adiestramientos específicos a trabajar
cada músculo y así me he mantenido hasta
ahora”.
Valdés dejó claro que está “en un
momento de mi carrera que tengo que
aprovechar al máximo. El plano personal
viene después, quiero darle el máximo a
mi carrera y quiero todavía ser mucho
más reconocida, sobre todo a nivel
internacional. Son metas que todavía me
faltan por lograr. Luego ya podré
dedicarme al plano personal y tener una
familia”.
Se considera como una persona que
siempre fue “muy abierta”, la artista
aclaró “soy una bailarina clásica,
nuestra compañía es de ballet clásico,
pero soy muy abierta hacía otros bailes
porque son otros tipos de movimientos,
con nuevas sensaciones que aportan
muchísimo al bailarín; le enriquece
artísticamente, técnicamente, y pienso
que es muy importante que un bailarín
clásico pueda hacer ambas cosas”.
Loipa Araújo, una de las Cuatro Joyas y
ex primera bailarina del BNC, que
dirigió el ensayo de Valdés junto a Joel
Carreño, afirmó que la técnica es el
punto fuerte de la pareja que actúa
junta desde hace tres años.
El vetusto piano un tanto desafinado y
un calor tropical acompañaron a Valdés y
Carreño que multiplicaron arabesques
y fouettés, sin mostrar esfuerzo,
con maestría y efectividad.
Valdés es una “trabajadora incansable y
abierta”, comentó Araujo. “Alcanzó
temprano la madurez artística y ahora
disfruta el enorme goce que es dominar
la técnica”, agregó.
La artista debe su nombre “Viengsay” a
que sus padres viajaron a Laos cuando
ella tenía tres meses de edad; su padre
fue embajador allí. “Es poco común, muy
original y me gusta porque significa
‘victoria’ en laosiano, pero me crea
problemas, no lo saben escribir o
pronunciar; recuerdo una profesora que
siempre me decía ‘bonsái’”, contó.
Valdés y Carreño se dejaron guiar por
Araújo para ejecutar las secuencias,
ella con un delicado port de bras;
él con impecables saltos. “Con Viengsay
nuestro baile es como un reto, nos
medimos entre nosotros mismos para que
el bailar sea más explosivo, más
técnico, más brillante”, declaró
Carreño. |