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C U L T U R A

La Habana, 27 de Abril de 2006

Viengsay Valdés se deja llevar
por el personaje


POR ANNE-MARIE GARCIA —especial para Granma Internacional—

VIENGSAY Valdés, elegante y enérgica, baila para disfrutar y tras "darlo todo" en los ensayos "simplemente se deja llevar" por el personaje que representa en una función. La bailarina de 29 años es una de las nuevas estrellas del Ballet Nacional de Cuba de la legendaria directora Alicia Alonso que aportó “cabeza artística e inspiración, según Valdés.

Viengsay Valdés se deja llevar por el personale“Me fascina enfrentar la dualidad del personaje de Odette-Odile, hay un contraste entre el cisne blanco y el cisne negro que en una misma noche destaca a la bailarina”, dijo Valdés a esta periodista.  Pero “no soy malvada”, aclaró con una sonrisa pícara.

 “La interpretación me transforma aunque siempre hay algún rasgo de mi personalidad que le da un matiz al personaje”, agregó.

 Valdés, después de una clase de dos horas como cada mañana, tomó un breve descanso sentada en el patio de la casa del barrio del Vedado en La Habana, sede del Ballet Nacional de Cuba, ofreciéndonos un rato para familiarizarnos con la bailarina y descubrir un poco a la persona.

Estudiante de segundo año en la Alianza Francesa,Valdés dedica el poco tiempo que le deja el Ballet a estudiar idioma francés y un poco inglés. Y cuando se le pregunta acerca de sus gustos musicales, la estrella del ballet clásico confiesa que es aficionada al hip-hop y que le gusta oír artistas como Alicia Keys, Usher, Bronce, Whitney Houston, Tony Braxton, “es decir las voces de mujeres negras o instrumentos ante todo”.

Tiene cierto porte altivo y habla con aplomo; sin embargo agregó con voz suave y tono bajo “no es algo que yo me sienta como las diosas por mi fama, simplemente me gusta lo que hago, y si eso me hace famosa, pues mejor todavía”.

La joven cubana no se considera alguien especial a pesar de la fama, “tengo una vida normal, soy una muchacha a quien le gusta hacer como todos, divertirse, ir a la playa, escuchar música”.

 “Disfruto el momento en que se abre la cortina, salgo al escenario y el público aplaude. Lo doy todo en los ensayos para poder en la función simplemente dejarme llevar por el personaje”, explicó.

 Esmera el trabajo psicológico pero ante todo busca el virtuosismo. “Yo misma me reto, abro con algo más difícil de lo esperado, claro siempre llevando a la par de la música, la coreografía, todas esas cosas que son muy duras de lograr”, comentó la bailarina que entró en el BNC en 1994 y en el 2001 fue promovida primera bailarina.

 La gimnasia rítmica fue el deporte de Valdés cuando niña pero como le gustaba bailar “cualquier música”, a los nueve años se inició en el ballet. Y como toda bailarina cuida su figura y su dieta “en una época era un poco gordita, por ejercicios que no eran los indicados, entonces comencé a hacer ejercicios con un fisioterapeuta, él me ayudó con adiestramientos específicos a trabajar cada músculo y así me he mantenido hasta ahora”.

 Valdés dejó claro que está “en un momento de mi carrera que tengo que aprovechar al máximo. El plano personal viene después, quiero darle el máximo a mi carrera y quiero todavía ser mucho más reconocida, sobre todo a nivel internacional. Son metas que todavía me faltan por lograr. Luego ya podré dedicarme al plano personal y tener una familia”.

 Se considera como una persona que siempre fue “muy abierta”, la artista aclaró “soy una bailarina clásica, nuestra compañía es de ballet clásico, pero soy muy abierta hacía otros bailes porque son otros tipos de movimientos, con nuevas sensaciones que aportan muchísimo al bailarín; le enriquece artísticamente, técnicamente, y pienso que es muy importante que un bailarín clásico pueda hacer ambas cosas”.

 Loipa Araújo, una de las Cuatro Joyas y ex primera bailarina del BNC, que dirigió el ensayo de Valdés junto a Joel Carreño, afirmó que la técnica es el punto fuerte de la pareja que actúa junta desde hace tres años.
 El vetusto piano un tanto desafinado y un calor tropical acompañaron a Valdés y Carreño que multiplicaron arabesques y fouettés, sin mostrar esfuerzo, con maestría y efectividad.

 Valdés es una “trabajadora incansable y abierta”, comentó Araujo. “Alcanzó temprano la madurez artística y ahora disfruta el enorme goce que es dominar la técnica”, agregó.

 La artista debe su nombre “Viengsay” a que sus padres viajaron a Laos cuando ella tenía tres meses de edad; su padre fue embajador allí. “Es poco común, muy original y me gusta porque significa ‘victoria’ en laosiano, pero me crea problemas, no lo saben escribir o pronunciar; recuerdo una profesora que siempre me decía ‘bonsái’”, contó.

 Valdés y Carreño se dejaron guiar por Araújo para ejecutar las secuencias, ella con un delicado port de bras; él con impecables saltos. “Con Viengsay nuestro baile es como un reto, nos medimos entre nosotros mismos para que el bailar sea más explosivo, más técnico, más brillante”, declaró Carreño.

 

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